Es imposible lograr al mismo tiempo globalización, democracia y soberanía; solo pueden coexistir dos de esos tres elementos. Así planteó Dani Rodrik, economista turco-estadounidense, profesor en Harvard y doctor Honoris Causa 2025 por la UNAM, en su libro Paradoja de la globalización el “trilema de la economía mundial”.
Si se combina Globalización + Estado nación se sacrifica democracia, porque los gobiernos se sujetan a mercados internacionales que limitan la capacidad del país para decidir políticas económicas, mediante reglas comerciales y organismos que condicionan decisiones nacionales.
Si se combina Democracia + Estado nación se limita la globalización al proteger empleos o sectores estratégicos, mediante barreras al comercio o restricciones al capital como políticas industriales, aranceles y discriminación de empresas extranjeras en favor de compras gubernamentales nacionales.
Si se combina Democracia + Globalización se requerirá de una gobernanza supranacional, donde las decisiones económicas se trasladen a instituciones internacionales, parlamento, impuestos y políticas económicas comunes.
La paradoja de Rodrik es que la globalización promete prosperidad, pero restringe la capacidad de los países para responder a las demandas ciudadanas y la integración económica que genera riqueza puede despertar descontento social, nacionalismo y polarización política, como ocurrió con el Brexit, el ascenso de Trump, los movimientos proteccionistas de Estados Unidos y su rivalidad con China, la relocalización de cadenas productivas y la revisión periódica del TMEC.
Los países no abandonan la globalización porque haya fracasado, sino porque tuvo tanto éxito que comenzó a invadir espacios de política democrática y soberanía nacional. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre eficiencia económica, legitimidad democrática y autonomía estratégica? ¿Cuánta capacidad de decisión estamos dispuestos a ceder para obtener más comercio?
La paradoja de Rodrik sugiere un esquema de globalización moderado e inteligente, que respete democracia y soberanía; aun así, atrajo en su momento diversas críticas acerca de la rigidez del trilema, porque siempre habrá contraejemplos que hagan la excepción: Alemania, Países Bajos y Canadá conjugan desde hace tiempo con bastante éxito los tres elementos. Otras críticas, derivan de la paradoja que se mira en el espejo, contraintuitiva, para no seguir creyendo en los lugares comunes, la parajoda: la democracia produce las condiciones que la limitan, la soberanía suele acotarse desde el mismo territorio, en tanto que la globalización significa más comercio, más interdependencia y menor control, lo que a la postre deriva en más nacionalismos y menos globalización.
Por: Luis Ángeles
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