El Detective Salvaje: una novela entre el género negro y Mad Max

CIRCO SÓNICO

Phoebe Siegle es una periodista desempleada que se haya tremendamente compungida con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. ¡Mucho vale leer esta novela en estos días en que amenaza ese deleznable ser anaranjado con volver a postularse! Aunque hay que decir que de entrada El Detective Salvaje tiende una trampa, pues no se trata de una obra política, sino de una combinación de literatura noir con ficción apocalíptica.

Debo mencionar que me incomodaba el título por ese comparativo con la monumental Los Detectives Salvajes del chileno Roberto Bolaño, pero ya se sabe que los editores gringos van a su aire y se sienten el centro del mundo. Pero la verdad es que Jonathan Lethem es un escritor con una reputación magnífica debida a libros tan logrados como Huérfanos de Brooklyn (1999), La fortaleza de la soledad (2003) y Los jardines de la disidencia (2013), donde aborda al beisbol y el movimiento socialista en la vieja Urbe de hierro, así que tiene crédito suficiente y bien ganado.

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La existencia de esa periodista le sirve a Lethem para remarcar las diferencias entre una persona culta y enrollada de Nueva York con el estilo de vida un tanto enloquecido de la Costa Oeste. El asunto es que la chica debe trasladarse de emergencia hasta Upland -en la periferia de Los Ángeles- para buscar a la hija desaparecida de su mejor amiga.

Un rato de búsqueda en la red la lleva a conectar con el detective que le da título y que así se ostenta… y es entonces cuando la novela irá dando un sorprendente giro para implicarse en un universo temático y estético al estilo de Mad Max, para remontarnos a la existencia de neo-tribus implicadas en sangrientos rituales.

Charles Heist es una especie de Wolverine que rescata a jóvenes de las garras de aquellos clanes enloquecidos, que, muy al estilo de las obras old school del género negro, terminara enredado con su clienta; se trata de un tipo que atiende a una zarigüeya que vive en un cajón de escritorio, que cuida a una adolescente huraña y se rodea de tres perros Husky, que lo acompañan siempre.

El Detective Salvaje refuerza su atractivo a través de la pista que representa que la chica desaparecida era fanática total de Leonard Cohen; en las cercanías de Upland se encuentra el monte Baldy, donde se localiza el templo budista en el que estudió y residió el fallecido músico canadiense. He allí un punto de partida, ya que posteriormente la historia se traslada hasta el desierto Mojave y la hermosura natural del Parque Joshua Tree.

El bagaje tan citadino y neoyorquino de Phoebe sacará chispas ante una galería de desadaptados tribales que crean un metafísico modo de vida entre la espera del colapso global y la práctica cotidiana de la violencia; entre los clanes de Las liebres y Los osos existe una guerra abierta que se libra en parajes poco o nada documentados por Google Maps.

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Jonathan Lethem se trasladó al Oeste para provocar un encontronazo con un mundo que le es desconocido y al que intenta disectar e interpretar. No en vano el crítico Colson Whitehead apunta: “El Detective Salvaje investiga nuestro embrujado Estados Unidos en todas sus formas contemporáneas; en el límite de la ciudad, más allá del blanco desierto, en el apartamento de al lado. Es una obra ágil y misteriosa, rebosante del brío y el ingenio característicos de Lethem”.

En fin, literatura outsider que se vuelca en una novela que se lee a toda velocidad mientras desparrama adrenalina.

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