Paradojas
La economía circular supone que cuanto más eficientes se vuelven sus procesos (reducir, reciclar, reutilizar, reparar, renovar, recuperar, rediseñar y demás erres) más barato resultará producir una unidad, lo que paradójicamente puede incentivar a su mayor consumo y a ejercer mayor presión sobre los recursos.
La circularidad de los bucles virtuosos contraviene las leyes físicas de la termodinámica y las económicas de los rendimientos decrecientes, porque ningún material se puede reciclar infinitamente sin perder calidad o energía. La economía tendría que renunciar al crecimiento constante porque no hay recursos infinitos en este planeta finito. Desde Los límites del crecimiento (1972) del Club de Roma, se planteó que crecer ad infinitum es incompatible con los límites físicos de la Tierra, por lo que habría que buscar que los incrementos provengan del conocimiento y la innovación, en cuyo extremo estaremos ante una nueva paradoja: escasez de recursos y abundancia de Inteligencia Artificial.
Los consumidores conscientes suponen que al adquirir productos “circulares” están actuando responsablemente, lo que puede llevarlos a comprar más de lo necesario, reduciendo el beneficio ambiental efectivo. El diseño duradero que prolonga la vida útil de un bien, puede frenar la innovación y afectar empleos en sectores de consumo ante menor reemplazo de los productos. Si el valor de la basura crece cuando aumentan los residuos, ésta se convierte en insumo rentable, lo que podría generar incentivos para producir más residuos.
Por otra parte, la circularidad suele apoyarse en tecnologías avanzadas, que a su vez requieren minerales críticos y más energía, aumentando los impactos ambientales indirectos. Muchos ambientalistas consideran que la mejor manera de generar electricidad es mediante turbinas eólicas y apuestan por la movilidad eléctrica. Sin embargo, en ambos casos se requiere de elementos conocidos como tierras raras, cuya extracción genera gran cantidad de gases peligrosos.
Es loable que el último sábado de marzo personas de todo el mundo celebren “la hora del planeta”, apagando su luz durante una hora como acto simbólico de conciencia colectiva y den a las plantas de energía un breve respiro para reducir sus emisiones a la atmósfera. Una compañía eléctrica británica minimiza ese beneficio, porque tras la disminución del consumo se dispara la generación de energía; y en todo caso, si se apagara la luz durante una hora en todas las casas de la Tierra, las reducciones serían equiparables a parar cuatro minutos la economía china, según el economista danés Bjorn Lomborg.
Por: Luis Ángeles
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