Democracia de  persona a persona

DESDE LO REGIONAL

Democracia de  persona a persona

DESDE LO REGIONAL

Raul Arroyo
Abril 6, 2026

Se presenta y firma como C.L. Skach y su propuesta toral en el libro Cómo ser un ciudadano (Paidós, 2025) ofrece una mirada fresca – y disruptiva – para repensar el orden constitucional de cara a una realidad cuando menos preocupante en el tenso momento actual del mundo.

De nombre original Cindy, Skach es una destacada constitucionalista, reconocida con galones tan notables como el de profesora emérita del King´s College de Londres, pero identificada por una peculiaridad distintiva de su sapiencia jurídica: es una investigadora de campo; sus propuestas de constitución parten de un conocimiento directo de la población a la cual se pretenda organizar en un Estado constitucional y democrático de derecho.

Entrevistada a propósito de la publicación de su más  reciente libro (El País, 17/X/25), la también docente  cuya enseñanza divide  entre las universidades de Bolonia – ahí es profesora de Ciencias Políticas –  y Oxford; acepta la utopía de su propuesta frente a la dificultad de romper odios antiguos.

La afirmación ante ese escenario, cuestionada sobre su iniciativa de educar en valores a partir del parvulario, es contundente: si queremos construir un futuro más pacífico con ciudadanos más cooperativos, debemos invertir en ellos ahora.

Y respecto de  su propuesta reductiva de la democracia al tamaño neurológico tolerable por los humanos, responde puntual: la gestión cotidiana de nuestras vidas, los bienes públicos, educación y sanidad, por ejemplo, y las áreas posibles de gestionar por los círculos más pequeños de  nuestro entorno a nivel local, podrían ser mejor gobernadas por las comunidades. Remata preguntando la viabilidad de un sistema donde la clase política tenga reducidos  márgenes de maniobra y menos control sobre nuestras vidas.

Vamos al libro. La idea le surgió cuando se encontraba (2008), en Bagdad, invitada a trabajar con iraquíes y kurdos en el Comité para la Reforma Constitucional del Gobierno de Irak, como parte de la Misión de Asistencia de la ONU. Nada nuevo, lo había hecho cuando fue profesora de Columbia y de Harvard en otras  realidades poco cercanas a los principios de  la teoría constitucional.

Ahí, en medio de un campo de guerra, reconoció – narra –  su vieja intuición: leyes superiores y normas en general, pueden constituir en sí mismas el germen de la propia destrucción del buen orden.

En la introducción plantea las hipótesis del problema, entre otras: ”la democracia no está funcionando bien, en ningún sitio, por más que uno se esfuerce para redactar leyes correctas”, parece la más fuerte. Otra: el informe de 2022 del Proyecto de Justicia Mundial indica: “la calidad del Estado de derecho, la idea de que el Gobierno    se rige por las mismas reglas y normas, claras y coherentes, que establece para nosotros, ha disminuido en la mayoría de los países del mundo.”

Skach advierte el propósito del libro, recién publicado en México: trata,  dice, de “cómo nuestra autocomplacencia como ciudadanos nos ha llevado a escondernos detrás de la ley, y de lo que podemos hacer al respecto hoy, juntos, de forma constructiva y sin violencia”.

Considera  una premisa: las normas jurídicas son un sucedáneo, en el mejor de los casos, del verdadero orden: el surgido de la gente común a quien algo le importa lo bastante para hacerlo funcionar sin necesidad de autoridad o norma impositiva desde arriba.

En su  texto ofrece seis sugerentes  lecciones: No seguir ciegamente a los líderes, ejercer nuestros derechos, pero con responsabilidad, frecuentar las plazas, cultivar y compartir nuestros propios tomates, optar regularmente por la comida étnica, e inculcar todo esto desde temprana edad, en torno a los tres años.

Es uno de esos  libros  sin desperdicio, no por ello será de aceptación  unánime,  seguramente – enhorabuena – generará polémica entre las profesiones jurídicas y las academias constitucional y de ciencia política, donde prevalece una óptica tradicionalista, poco receptiva a una visión provocadora  como esta.

Porque Skach ya  no propone más arreglos a través de leyes en un ambiente donde – afirma – disponemos de tecnologías sin precedentes que unen a las personas, conectándolas donde se encuentren, en todo el mundo; de ahí su percepción: ha  llegado el momento de salir de esa “estrecha caja de leyes y liderazgo jerárquico insuficiente, haciendo funcionar a la democracia de manera distinta: Ciudadano a ciudadano.”

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