Cuando la adicción se vuelve negocio

Cuando la adicción se vuelve negocio

Un jurado en Estados Unidos soltó un mensaje que no se puede ignorar: plataformas como Meta y YouTube pueden ser responsables de diseñar productos que generan adicción, sobre todo en menores. No es cualquier cosa.

Jorge González Correa
Marzo 26, 2026

Un jurado en Estados Unidos soltó un mensaje que no se puede ignorar: plataformas como Meta y YouTube pueden ser responsables de diseñar productos que generan adicción, sobre todo en menores. No es cualquier cosa. Es cambiar la conversación de “innovación” a “responsabilidad”.

El caso lo empujó una joven que desde niña se enganchó con YouTube e Instagram. Su argumento es directo: estas empresas sabían lo que hacían. Diseñaron sus plataformas para atrapar la atención, aunque eso implicara afectar la salud mental. La comparación es incómoda, pero clara: operar como las tabacaleras, sabiendo los riesgos y aun así seguir.

Durante el proceso, Mark Zuckerberg tuvo que responder sobre cómo funcionan sus productos para menores y por qué sus herramientas —como los filtros o los algoritmos— empujan a los usuarios a quedarse más tiempo. El punto no es técnico, es de fondo: hasta dónde vale todo por mantener a la gente pegada a la pantalla.

Y aquí es donde México entra tarde.

Porque mientras en otros países ya están poniendo reglas, aquí seguimos actuando como si nada pasara. El consumo digital en México no deja de crecer, los niños cada vez entran más jóvenes a estas plataformas y los efectos ya se ven: ansiedad, dependencia, problemas de atención, cambios en la forma de convivir.

No se trata de satanizar las redes sociales. Tampoco de hacer como que son el enemigo. Pero tampoco de hacernos tontos. Estas plataformas no son inocentes. Están diseñadas para que no te vayas.

Ese es el negocio: tu tiempo.

Cada notificación, cada video que sigue sin que lo pidas, cada algoritmo que “te conoce” tiene un objetivo muy claro: que no sueltes el teléfono. Y mientras más tiempo estés ahí, más dinero generan.

El problema es que en México no hay nadie que realmente les ponga un alto.

El Congreso no ha entrado de lleno al tema, las instituciones no tienen dientes para regular y el debate público apenas empieza. Vamos tarde, otra vez. Y como siempre, cuando reaccionemos, el problema ya va a estar más grande.

Esto no es un tema de moda ni de tecnología. Es un tema de salud pública.

Una generación que crece con estímulos constantes, con gratificación inmediata y con dependencia digital va a tener consecuencias. En la escuela, en el trabajo, en la forma de relacionarse. No es exageración, es algo que ya está pasando.

Regular no es censurar. Es poner reglas claras. Es proteger a quienes hoy están más expuestos, que son los jóvenes. Es exigir que las empresas se hagan responsables de lo que provocan.

El fallo en Estados Unidos no resuelve todo, pero sí marca un camino. Y la pregunta para México es incómoda, pero necesaria:

¿vamos a esperar a que el problema nos explote en la cara o vamos a empezar a hacer algo desde ahora? Porque aquí, como en muchas otras cosas, el problema no es que no sepamos. Es que no queremos verlo.

crs