Columna Adogma

Mauricio Sosa

Crecimiento demográfico y violencia de género

El reto como nación es complejo. Modificar las relaciones sociales con base en las diferencias de sexo y género requiere esfuerzos comunitarios para transformar nuestras miradas.

Mauricio Sosa Ocaña
Septiembre 25, 2026

Con los resultados de la Encuesta Intercensal del INEGI 2025, que identificó a 130 millones 911 mil 314 mexicanas y mexicanos, podemos advertir dos datos relevantes relacionados con la violencia de género. Y al mismo tiempo nos recuerda el reto de emprender acciones para erradicarla.

El primero, y más obvio, señala que más de la mitad de nuestra población son mujeres: 51.9% de habitantes en el país son del sexo femenino. Este porcentaje se ha mantenido por encima de las personas del sexo masculino casi durante un siglo, como lo documenta esa institución responsable de las estadísticas nacionales.

El otro dato relevante, que no es obvio ni lo documentó el INEGI en esta encuesta, lo podemos inferir del primero y de los datos sobre violencia hacia las mujeres en el país. Es decir, a mayor población de mujeres, es muy probable que una mayor cantidad de ellas padezca algún tipo de violencia por su sexo/género.

En otros estudios el propio INEGI (2021) ha documentado que 7 de cada 10 mujeres en el país señaló haber padecido algún tipo de violencia, en el 60% de los casos provino de sus parejas hombres. Entonces, nuestro país tenía alrededor de cuatro millones de personas menos que ahora.

Por otra parte, son atendibles los resultados sobre violencia contra las mujeres del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Entre enero y julio de este año, ese informe documentó 76 mil 173 mujeres víctimas de algún delito.

De acuerdo con ese informe, el tráfico de menores, el feminicidio, el rapto, la trata de personas y la corrupción de mejores son los delitos que con mayor incidencia padecen las mujeres en México. Aunque el feminicidio ha ido disminuyendo desde julio de 2021, cuando se documentaron 112 casos, seguimos al doble de casos del mismo mes de 2015, año con 28 casos registrados.

Son cinco entidades donde se concentra casi la mitad de feminicidios en el país, 41.3% en el primer semestre de este año con 157 víctimas: Sinaloa, Estado de México, Chiapas, Ciudad de México y Tamaulipas.

El reto como nación es complejo. Modificar las relaciones sociales con base en las diferencias de sexo y género requiere esfuerzos comunitarios para transformar nuestras miradas. Mientras la mayoría de los hombres sigamos viendo a las mujeres como débiles, complementarias del sexo fuerte, subsidiarias del bienestar masculino, la violencia hacia ellas prevalecerá.

Además de los avances en las leyes que protegen y garantizan a las mujeres una vida libre de violencia, considero pertinente incidir en la vida diaria de las personas, para cambiar el sexismo y el machismo cotidiano.

Es decir. Desde la primera infancia es importante disminuir las conductas basadas en el sexo y el género de las personas. Si mantenemos el color azul para designar lo masculino, fuerte y vigoroso; y el rosa para caracterizar lo sensible, seducible, conquistable, mantendremos altas posibilidades de seguir cultivando la violencia de género.

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