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Daniel Fragoso Torres

Contra las cuerdas

El Surtidor

Daniel Fragoso
Mayo 31, 2026

El examen filosófico de la lírica contemporánea en México exige descentralizar las lecturas metropolitanas para volcarse hacia las cartografías de la periferia. En este contexto, la propuesta estética del poeta hidalguense Blues Rivera se erige como un complejo entramado donde la ontología del paisaje y la memoria histórica entablan un diálogo dialéctico.

Desde su primer poemario, “ACHCA, un golpe de dados”, su obra es un referente de experimentación y creatividad literaria, pero también una narrativa de profundidad estética y ética, propuesta que reafirma con su más reciente poemario “Contra las cuerdas”. Por lo tanto su poética no debe entenderse meramente como una recopilación de registros locales, sino como una hermenéutica del habitar el territorio, donde la geografía simbólica hidalguense deviene en categoría metafísica.

En el panorama de la literatura mexicana contemporánea, la obra de Rivera Rubio se introduce a través de una ruptura con la lírica puramente cosmopolita o urbana. Su propuesta introduce una tensión formal: el uso del verso libre en contrapunto con imágenes de hondo arraigo telúrico. Filosofar desde su poesía implica rastrear el concepto de pertenencia desterrada, una condición donde el sujeto lírico experimenta el espacio no como una propiedad decorativa, sino como un testigo del devenir temporal y del desgaste existencial. De este modo, Rivera inscribe la experiencia del estado de Hidalgo en la discusión nacional sobre la pluralidad identitaria de las letras mexicanas, problematizando la dualidad entre el centro político y las realidades de la provincia.

La vinculación de Blues Rivera con otros escritores resulta fundamental para trazar una genealogía estética compartida. Su escritura se articula a partir de los ecos del rigor estilístico de Efrén Rebolledo y la densa exploración de los lazos familiares e históricos presentes en narradores como Ricardo Garibay, pero también en Huidobro, los Estridendistas y Mallarmé

A pesar de no ser poeta, pero sí partiendo del concepto de escritor que fue, pienso en el parentesco que tiene con Garibay al esculpir la hidalguía mediante la crudeza de la prosa y la oralidad, principalmente cuando en el caso de Rivera, éste realiza una transmutación lírica de esa misma atmósfera. Existe en su obra una correspondencia con la poética hidalguense que prioriza el silencio de las zonas mineras, el desierto del Valle del Mezquital y la memoria de la provincia como laboratorios de la finitud humana.

El tiempo en su poesía adquiere una dimensión circular, donde la palabra poética opera como un acto de resistencia y salvaguarda contra el olvido.

Creo que la obra poética de Blues Rivera enriquece la tradición literaria mexicana al proponer una ontología del paisaje hidalguense. Su relación con los escritores de Hidalgo no es de mera vecindad geográfica, sino de continuidad filosófica, los contemporáneos hidalguenses tendríamos que leer de manera puntual al poeta pachuqueño, pues Rivera resignifica los temas de la finitud, el espacio y la tradición, consolidándose como una voz indispensable para entender las transiciones e hibridaciones de la poesía en el siglo XXI.

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