DANIEL-FRAGOSO-EL SURTIDOR

Daniel Fragoso Torres

Carta abierta a MIDI

Pequeña hija mía: escribo este texto en la orilla de la madrugada, sentado en medio de la oscuridad de la casa azul que tanto quieres. En unas horas, cuando estas palabras hayan sido publicadas habrás cumplido ya seis años de maravillosa y radiante existencia.

Daniel Fragoso
Mayo 17, 2026

Pequeña hija mía: escribo este texto en la orilla de la madrugada, sentado en medio de la oscuridad de la casa azul que tanto quieres. En unas horas, cuando estas palabras hayan sido publicadas habrás cumplido ya seis años de maravillosa y radiante existencia.

Nunca me cansaré de repetirlo, tu presencia en mi vida es guía y es luz. Tu sonrisa se ha convertido en el agua que aplaca en mi cualquier sed o deseo de sucumbir a los problemas de la vida cotidiana.

Todos los días me enseñas que otro mundo menos complejo y doloroso es posible.

Desde que te escribí la última carta muchísimas cosas han pasado en tu proceso de descubrimiento y crecimiento existencial. Estás aprendiendo a leer y a escribir y se te ha desarrollado una pasión por contar historias con tus juguetes y ahora, no puedes concebir el sueño si antes no se te lee o escuchas un audiocuento.

Al paso de los años, recordaré que esta semana que termina, el 14 y 15 de mayo, se te cayeron tus primeros dientes de leche.

Sabes, entre todo lo que hemos hablado cada vez que te termino de bañar, mientras te cambio, lo que más he atesorado de estos 365 días, ha sido la manera sutil en la que me muestras tus conocimientos del mundo: las lecciones involuntarias de filosofía y el porqué un perro no puede comer chocolate, las historias del antiguo Egipto, los datos de los juguetes que están prohibidos y todo sobre las sirenas.

Hija mía, yo sé que tú sabes que todos los seres humanos somos iguales. Que todos sentimos lo mismo, pero en diferente grado de sensibilidad. Que nos duelen las mismas cosas y que igual que muchas otras personas, nos alegramos por los mismos motivos.

Sé que sabes de lo que hablo porque me lo has dicho; porque te he escuchado decirle a tus amigas que lo que importa es la felicidad y no las cosas materiales. Te he escuchado decirme: papá, ¿por qué tú no lloras?, llorar está bien y en ocasiones es necesario.

Pequeña hija mía, quizá ya te has dado cuenta que soy un hombre con muchos defectos, cometo muchísimos errores, soy un ser humano intentando hacer lo correcto para ser un buen hombre; tengo muchísimas interrogantes, y pocas certezas, pero de algo estoy completamente seguro, y eso es que te amo infinitamente; ahora que viene otro año de tu vida, germina en mi, nuevamente, el deseo de seguir acompañándote a descubrir que existen muchos caminos por andar.

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