Se acerca otro 8M. Las consignas y los contingentes se alistan para exigir demandas totalmente legítimas a una sociedad que nos ha (les hemos) fallado.
Salir a marchar y ocupar las calles sigue siendo tan necesario, no estamos cerca de acabar con la discriminación y violencia. Aún el aborto voluntario sigue siendo un delito, aún no hay un sistema de cuidados, la violencia sexual persiste, la desigualdad salarial también y los feminicidios se siguen contabilizando.
En medio de todo esto, ha sucedido algo que reafirma porque es importante escucharnos(las).
Hace unos días se informó que en la Cámara de Diputados se aprobó la creación del delito de acecho, conocida como “Ley Valeria”, que tipifica conductas de molestia, persecución y vigilancia hacia una persona y que estos hechos afecten su tranquilidad. Aún no es ley porque falta que se apruebe en el senado, además de que al ser el Código Penal Federal su margen de aplicación es limitado porque este tipo de conductas les toca ser sancionadas en los estados. Hasta el momento sólo 6 estados reconocen este delito.
La respuesta de varios hombres cis en las redes es generar un alarmismo. De acuerdo a ellos apartir de que se publique está reforma, ningún hombre cis debería hablarle a una mujer sin pedirle permiso porque les llevará a la cárcel. También algunos hablan de que este tipo penal será usado para presentar denuncias falsas contra ellos. Otros dicen que este delito terminará como el de violencia vicaría que solo será aplicable para mujeres. Todas estas reacciones no son más que una muestra de machismo.
Para este grupo de hombres la lucha por la igualdad y no discriminación se lee como una cruzada en su contra, una persecución que han equiparado a la caza de brujas. Lo que no puede estar más lejos de la realidad. Su reacción es una muestra de cómo aquellos que se leen como los únicos y legítimos dueños del poder, se sienten vulnerables ante las acciones que buscan equilibrar las fuerzas para crear igualdad. O sea, detestan, odian ser exhibidos y señalados como violentos, odian perder sus privilegios.
Por otro lado, la tipificación del delito de acecho es otra prueba más de que nuestro país ha caído en una demagogia punitiva en la que la solución a todos nuestros problemas sociales es la creación de delitos y aumento de penas. Es una curita a una herida sangrante que requiere de atención quirúrgica y cuidados. La modificación no se acompaña de otras propuestas para la creación de política pública y presupuesto para lograr erradicar estás prácticas violentas. Cómo ha pasado con la Ley Olimpia, como las ECOSiG, como casi todas las leyes que conocemos con el nombre de una persona.
Quiero soñar que en el futuro, en otros 8M el estado no responderá a nuestras demandas con más punitivismo, que como movimientos, no pediremos más estás falsas soluciones y exigiremos un verdadero cambio.
Por lo pronto, salgamos a la calle.
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