Columna Adogma

Mauricio Sosa

¿Violentos por naturaleza?

Parece que la violencia mundial llegó para quedarse. Una revisión en internet sería suficiente para percatarnos que durante el año pasado se vivieron distintos conflictos en todo el planeta.

Mauricio Sosa Ocaña
Enero 16, 2026

Parece que la violencia mundial llegó para quedarse. Una revisión en internet sería suficiente para percatarnos que durante el año pasado se vivieron distintos conflictos en todo el planeta. Muchos de ellos armados, con consecuencias fatales para la población, el medio ambiente y la convivencia ente personas.

Los conflictos armados entre Rusia y Ucrania (2022) que se ha extendido varios años; el de Israel y Palestina; el enfrentamiento civil armado en Sudan, estos dos iniciados desde 2023; los diferendos bélicos en Myanmar desde 2021; un largo conflicto en República Democrática del Congo, son algunos ejemplemos que podemos enumerar.

En el continente americano se han registrado distintos enfrentamientos al interior de las fronteras de países como Haití, Ecuador, Brasil. En México, hemos presenciado enfrentamientos armados entre distintos grupos criminales, que se han extendido desde hace tres lustros.

Islandia, Irlanda, Nueva Zelanda, Austria y Suiza son considerados como los cinco países más pacíficos durante 2025, según el Índice de Paz Global 2025. Canadá es el número 14, Reino Unido el 30, Estados Unidos el 128, México se ubica en el lugar 135. Ese mismo reporte señala que las entidades mexicanas más pacíficas con Yucatán, Tlaxcala y Durango, y las menos pacificas Morelos, Guanajuato y Colima; Hidalgo se ubica en el lugar 8, la Ciudad de México en el 16 y el Estado de México en el sitio 25.

Desde el Foro Económico Mundial, en su Informe sobre Riesgos Globales 2026, nos advierte que este año nos enfrentaremos a una competencia intensa por los recursos naturales; la búsqueda del fortalecimiento de las economías más poderosas sobre las no tanto; la fragmentación y la confrontación en distintos ámbitos. También predicen tiempos turbulentos y hasta tormentosos; un aumento de la desinformación “accidental” o provocada; la polarización social y los riesgos ambientales se acrecentarán.

Distintos análisis sobre los riesgos que enfrentaremos como humanidad señalan el aumento de la conflictividad, los impactos geopolíticos, las crisis humanitarias y, como atestiguamos a principios de este enero, el intervencionismo de países poderosos sobre naciones que resultan “amenazas” a sus intereses y cuyos dirigentes “gobiernan” desde y con violencia.

¿Será nuestro destino fatal? Las personas, la humanidad ¿ya no tendremos opciones o nos rendiremos irremediablemente al mandato supuestamente científico de ser “natural born killers”?

Existen muchas aportaciones para vernos de otra manera. En el Manifiesto de Sevilla sobre la Violencia (UNESCO ,1989), investigadores de varias disciplinas señalaron que “la guerra es un fenómeno específicamente humano” producto de la cultura; que no existe un gen de la guerra ni que éstos “produzcan individuos predispuestos a la violencia”.

Subrayaron que “el fenómeno de la dominación implica lazos sociales y filiaciones”; que “nuestros comportamientos son modelados” por condiciones y modos de socializar, que la “guerra moderna” se sirve de algunas características de las personas “como la obediencia ciega o el idealismo”. Afortunadamente también enfatizaron que la biología no nos condena a la guerra. “La misma especie que ha inventado la guerra también es capaz de inventar la paz.”