Mientras el Congreso local mantiene un debate legislativo sobre la posible prohibición de la tauromaquia y los eventos taurinos en la entidad, la tradicional “Santiagada” ha quedado bajo la lupa pública. A diferencia de las corridas convencionales, este festejo posee la peculiaridad de realizarse a pie de calle, transformando por completo la dinámica urbana de la cabecera municipal cada 25 de julio durante la feria patronal.
Con 47 años de historia, este evento —similar a la pamplonada española— consiste en la suelta de 10 toros de lidia. Para contener a los animales, las autoridades instalan polines de madera reforzada a lo largo de un corredor de más de 300 metros sobre la Avenida México, la arteria principal del municipio.
Esta infraestructura efímera altera la vida de los habitantes de la zona: mientras algunos respaldan la festividad, otros muestran su inconformidad ante los riesgos implícitos; sin embargo, muchos vecinos aprovechan la ocasión para adaptar sus casas con el fin de rentar estos espacios como palcos improvisados para los espectadores. Tras haber sido frenada únicamente por las restricciones de la pandemia, la Santiagada enfrenta hoy su mayor cuestionamiento debido a factores fisiológicos, sociales y legales.
Estrés y riesgos físicos: el impacto en los toros de lidia
El debate abarca aspectos que van desde el bienestar animal hasta el impacto cultural y económico en la región. Al respecto, Miguel Ángel Servín, médico veterinario, promotor cultural y creador del Foro Teatro, Arte y Cultura (TAC) en Tulancingo, analizó las condiciones fisiológicas a las que son sometidos los ejemplares en este entorno callejero.
De acuerdo con el especialista, la salida de los toros de su entorno habitual representa una alteración drástica en su comportamiento. A diferencia del ganado destinado a la producción de carne o leche, que se cría en espacios reducidos para conservar energía, el toro de lidia se desarrolla en un ambiente libre y campirano. Su traslado y posterior liberación en el circuito urbano desencadenan una respuesta hormonal inmediata:
“Empieza a haber una cascada hormonal, se liberan muchísimas hormonas que van a tener que ver sí en muchos de los casos con el estrés, pero esas mismas hormonas a su vez hacen que no tengan un dolor tan grande como el que a veces podemos percibir. El dolor por sí mismo en ese momento, es tanta la adrenalina del toro, del cortisol que se eleva muchísimo, que podríamos decir que un dolor extremo no lo siente, si hay un sufrimiento, yo creo que sí, es un hecho”, detalló Servín.
El veterinario señaló que el sufrimiento en la Santiagada guarda similitudes con el de las corridas de toros, pues en ambos escenarios el animal responde a un estímulo de agresión defendiéndose según su instinto. No obstante, marcó una diferencia estructural: mientras en las plazas existe un proceso normado y progresivo que regula las medidas de la puya, las banderillas y la espada, la dinámica de la Santiagada carece de dicha regulación y somete al animal a un desgaste descontrolado.
“Hay un agotamiento físico, una persona, aunque esté preparada para correr implica un esfuerzo, si hay sufrimiento quizá podríamos hablar de unos de los principales sufrimientos, ese estrés y ese cansancio, ese agotamiento, esa hiperventilación que tiene que hacer el toro para poder luchar, el tiempo que dura el evento, es lidiar con muchas personas… en la Santiagada desde que sale el animalito hasta donde tiene que llegar debe ser un estrés continuo”, expuso.
Asimismo, indicó que los pinchazos menores en la calle son menos riesgosos para la integridad del toro en comparación con las fracturas, ya que los ejemplares poseen extremidades delgadas que deben desplazarse sobre un pavimento que suele tornarse resbaloso debido al derrame de líquidos como la cerveza.
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Para el médico veterinario, la presencia de personas en estado de ebriedad es un punto crítico que altera el evento y propicia la pérdida de conciencia respecto al trato del animal. Sostuvo que la tradición no justifica el maltrato, pero reconoció la complejidad del fenómeno al mover la economía local y estar ligado históricamente a las bellas artes.
Al hablar sobre la posibilidad de transicionar hacia festejos populares sin animales, Servín reconoció que el principal obstáculo radica en el consumo de bebidas alcohólicas, que operan como el eje de la convivencia en estos eventos. Como alternativa, mencionó que el Foro TAC traerá un festival de teatro de gran escala a la región en agosto: “Nos va a costar sí, porque por ejemplo aquí en el teatro no permitimos alcohol y la Santiagada es pretexto para las micheladas, ahí es donde pienso es lo difícil de sustituir. Es crear costumbre”, concluyó.
Alcaldesa descarta transicionar hacia Santiagada sin animales
A pesar de las propuestas de colectivos defensores de animales para evaluar alternativas culturales o artísticas que mantengan la derrama económica de la feria sin el uso de animales, el gobierno municipal de Santiago Tulantepec descartó la apertura de mesas de diálogo orientadas a modificar el formato del evento.
En entrevista, la presidenta municipal, Yanet Fernández Fernández, fijó una postura de rechazo ante un posible cambio en las festividades.
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“No, yo estoy a lo que mi población mencione, protejo las tradiciones que nos identifican como municipio de Santiago Tulantepec. Hay que tener respeto, nosotros cuidamos a los toros desde el momento en que salen del espacio donde se transportan a llegar al municipio”, argumentó la alcaldesa.
Al ser cuestionada sobre el estrés severo que experimentan los toros de lidia durante la suelta en las calles, Fernández Fernández desestimó las críticas comparando la reacción del ganado con la de los animales domésticos: “Creo que todos nos estresamos, yo te pongo el claro ejemplo de un perro, a la hora de acercarte a la reja te va a ladrar”, sostuvo la edila, asegurando además que el ayuntamiento implementa cuidados estrictos para evitar que los animales sean agredidos de forma directa. “Yo como representante del municipio no puedo permitir, soy respetuosa, pero no puedo permitir que mi población, que tanta identidad le genera, se pierda de esto”.
Sin embargo, pese a la férrea defensa de la alcaldesa hacia la identidad local dentro del festejo taurino, sus decisiones en materia reglamentaria han caminado en sentido opuesto. Recientemente, una fuerte ola de críticas en redes sociales ha recibido la entrada en vigor del nuevo Bando de Policía y Gobierno de Santiago Tulantepec, el cual impone oficialmente el gentilicio de “tulantepecano (a)” sobre el tradicional “santiaguense”, una modificación impulsada por la propia alcaldesa Yanet Fernández sin previo consenso ni consulta a la ciudadanía.
Otro de los puntos críticos señalados por activistas es el impacto formativo en las infancias, bajo la advertencia de que la Santiagada podría incentivar conductas generadoras de violencia en la niñez y la adolescencia. Al respecto, y ante la recomendación que el propio ayuntamiento emite de preferentemente no acudir con menores de 12 años a la zona del encierro, la presidenta deslindó al municipio de una regulación obligatoria en los accesos.
“Ahí es responsabilidad de cada familia, yo no puedo meterme en la educación de los padres de familia”, declaró.
Finalmente, en cuanto al impacto financiero del festejo, la alcaldesa reconoció no disponer de los indicadores económicos exactos vigentes de la festividad, aunque confirmó que los preparativos logísticos para la edición de este año ya se encuentran en marcha.
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