Fayad, conciliador en Conago

Historias que contar



Omar Fayad demostró su calidad de concertador, ahora como presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago). 

Dejó claro que será enlace entre los tres órdenes de gobierno. Llamó a las entidades federativas a que respalden al presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Independiente a su militancia priista, en la apertura del Tianguis Turístico 2021 en Yucatán, pidió respaldos a los estados para sumarse a enriquecer la riqueza cultural y el patrimonio del país. No menos importante fue su llamado a estrechar lazos con la sociedad civil y sectores empresariales. 

Días antes puntualizó que al ser parte del Revolucionario Institucional estaría cercano a la consolidación de un (o una) aspirante a la gubernatura para mantener avances en Hidalgo, aunque, ni por asomo dejó entrever quien pudiera ser el indicado. 

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Luego que el Consejo Estatal de Morena  revelara resultados de una auscultación de pretendientes a la gubernatura, en la elección del 5 de junio del próximo 2022, surgieron cuatro: María Merced González, Lisett Marcelino Tovar, Abraham Mendoza Zenteno y Francisco Xavier Berganza. 

Solo que ante expresiones de morenistas que calificaron de inexplicable la ausencia de Julio Menchaca, el Consejo Nacional propuso que hubiera otros dos, para llegar en la recta final a seis, aunque después se decantó por cinco. 

Serían los personajes de una encuesta, en que aparecería el oficialmente ungido. No se han determinado procedimiento ni fecha. 

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Carlota, triste destino 

Pierre de la Gorce, de la Academia francesa, sintetiza el sentido del libro del también francés Armando Pravel: “No hay conocimiento alguno en los tiempos antiguos ni en los modernos, que, a mi parecer, aventaje, en sombría grandeza, a la tragedia de México”. 

Praviel, periodista, escritor y abogado (1875-1944), es autor de La vida trágica de la emperatriz Carlota, que en primera edición apareció el pasado agosto auspiciada por Editora y Distribuidora Multilibros S.A  de C.V. 

Novela histórica, abarca desde el 12 de junio de 1864, arribo a la Ciudad de México del archiduque de Austria Fernando José Maximiliano de Habsburgo, de unos treinta años “piel blanca y rojas patillas, cara de ensueño y de melancolía”. 

A su lado, María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina de Bélgica, de 24 años. “Todo resplandecía en su actitud y fisonomía; su perfil desdeñoso, en el que revivía su abuelo Luís Felipe; su voluntarioso mentón, sus ojos como iluminados por una llama anterior. Muy erguida en su asiento… 

“…parecía traer místico remedio a los males, odios y discordias –de quienes apoteósicamente la recibían-; especie de sacramento imperial, cuyo depósito misterioso y divino había recibido”. 

A los dieciséis años pidió su mano el rey de Portugal, don Pero V. No lo aceptó. También desechó al príncipe Jorge de Sajonia. El archiduque Maximiliano tuvo mejor suerte. Se casaron el 27 de julio de 1857. 

El imperio francés  en México tuvo su esplendor y después precipitada caída. Benito Juárez nunca cedió en su lucha. 

Carlota regresó al viejo continente para lograr apoyo y salvarse con su esposo del imparable declive. No tuvo suerte, puertas de frías monarquías se le cerraron. 

Maximiliano recibió desconsolador telegrama: “Su Majestad la Emperatriz ha sido atacada en Roma, por una grave congestión cerebral. Ha sido conducida a Miramar”. 

Con los pocos leales que le quedaban fue a Querétaro. Le aconsejaron que planteara a Juárez la posibilidad de civilizada abdicación. No tuvo suerte, solo silencio 

Fue detenido y el miércoles 19 de junio de 1867, a las seis de la mañana el emperador y sus dos fieles generales, Miramón y Mejía, salieron escoltados hacia el Cerro de las Campanas. Minutos después fueron fusilados. 

Contra lo esperado, Carlota sobrevivió años más aunque atrapada en una demencia senil.  

El 19 de enero de 1927, a las siete de la mañana dio el último suspiro. 

El sueño eterno le trajo la anhelada paz espiritual.